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Mi mejor amiga


Tus besos son los más dulces que me han dado nunca. Besos llenos de sentimiento y amor. Son tus abrazos los que me transmiten fuerza y paz.. Aquellos que me saben a hogar.
Los momentos que compartimos juntas, son aquellos que llenan mi alma y mi corazón. Son tantos sentimientos juntos que cuando no estamos juntas, me producen un leve mareo.
Es tan necesario el contacto diario, que es insignificante las veces que hablemos, lo que realmente importa es la intensidad con la que lo hacemos. Da igual lo que tenga que contarte, tanto si es bueno, como si es malo: siempre estas ahí para mi.
Eres un gran ejemplo de fortaleza, lucha y positivismo. Sin duda, un gran ejemplo a seguir. Un espejo donde reflejarse y seguir sus movimientos paso a paso.

Y es que tengo la suerte de tener la mejor amiga del mundo. Pero más suerte tengo aún de poder llamarte mamá.

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Lo reconozco

Sí, lo reconozco, hay veces que me dejo la leche fuera de la nevera cuando me hago el café y vas tú detrás para guardarla. Después de cenar, no me preparo un cuenco de fruta pero mientras comes te robo algún trozo de fruta… Hay días que me levanto de mal humor y no puedes ni hablarme porque estoy insoportable.
Cuando nos enfadamos necesito mi espacio para volver a ti… Espero a fregar los platos por la mañana en vez de por la noche… y, cuando me acuesto, dejo la ropa tirada al lado de la cama. Cuando te levantas y la ves te pones de mal humor.

Hay noches que no te presto atención porque me estoy liando los cigarros para el dia siguiente.. Sí, abras el cajón que abras en casa siempre te encuentras ropa o zapatos míos porque tengo montones de zapatos y ropa que apenas me pongo pero no los tiro.

Reconozco que algunas noches, ronco. Duermo con calcetines tanto en invierno como en verano porque no soporto que me toquen los pies… Y por la mañana, antes de salir de casa, cuando voy a darte un beso, te asfixia el olor de la colonia recién puesta.

Me cambio de ropa muchas veces antes de salir de casa para acabar de ponerme la primera que me había puesto.. A veces te tomas el café amargo porque se me ha olvidado ponerte el azúcar. Y, aunque me haga una lista de la compra, siempre hay algo que me olvido y tienes que ir tu al “paqui” a buscarlo…

Crees haberte enamorado de mis virtudes.. pero lo que no sabes es, amor mio, que en realidad de lo que te has enamorado es de mis defectos. Porque el dia que yo no esté.. son todas estas pequeñas cosas, las que vas a echar de menos.

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Carta a un maltratador psicológico


Querido maltratador psicológico (Sí, por fín puedo poner nombre a lo que fuiste):
En esta carta que te escribo, no voy a relatar los hechos y los episodios por los que me has hecho pasar… Esos ya los conoces perfectamente. Te escribo para plasmar todo lo que me has hecho sentir a lo largo del tiempo ya que nunca te molestaste en saber lo que sentía o como me sentía:

Te entregué mi corazón y nunca supiste cómo cuidarlo. Poco a poco ibas haciendo pedacitos de él, hasta que un día se rompió y eran tantos y tantos los trocitos, que ya era imposible recomponerlos.

Nunca llegaste a valorarme ni como persona, ni como mujer. Para ti, simplemente, era lo que tu querías que fuera. Sin importarte lo que yo pensara, sintiera o quisiera. Simplemente, me anulaste, evaporaste mi esencia y me redujiste a nada..

Mi mirada perdió brillo, mis labios perdieron sonrisas y mi alma perdió vida. Ya no quedaba nada de lo que fui. Me moldeaste a tu gusto y no, no fue solo tu culpa. También fue la mía, yo me dejé hacerlo.

Todo eran manipulaciones, sabías cómo dar la vuelta a las cosas para que siempre fueran a tu favor. Me hacías sentir torpe e insulsa. Nunca llegaste a ponerme la mano encima, creo que nunca te lo hubiera permitido. No puedo afirmarlo con rotundidad porque estaba cegada o, mejor dicho, anulaste mi razón.

Siempre fuiste tú, luego tú y después tú. Hasta que un día salió el sol y pude ver las cosas con mayor claridad: primero debía ser yo y luego lo demás. Si yo no empezaba a quererme, nadie lo haría y ese fue, el principio del fin.

Ahora me toca a mí luchar para volver a ser la persona que era. No va a ser fácil, me lo has puesto muy difícil pero saldré adelante y lograré mi propósito. Siempre con la lucha por no encontrarme otro ser como tú en mi vida. Por ello te tengo que dar las gracias. Si, has leído bien, no todo lo que ha quedado de ti en mi ha sido solo odio. Gracias a ti sé que es lo que quiero en mi vida y lo que NO quiero en ella. 

Ahora empieza mi felicidad…

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El tren de la vida

La vida es como un tren, a veces va tan rápido que no podemos ni siquiera pensar en bajarnos. Solo pensarlo, nos da miedo.

Cada vagón representa las diferentes etapas de nuestra vida, desde el nacimiento hasta la muerte.

Y por último, los pasajeros representan las personas que entran y salen de nuestra vida. No nos piden permiso. suben y permanecen el tiempo que ellos consideran,muchas veces sin darnos opción. En este tren, tiene cabida muchas clases de pasajeros:

– Están aquellos pasajeros que estarán siempre. No importará cuán largo sea el trayecto porque permanecerán a tu lado. Perfectamente podríamos englobar a la familia en este grupo. No importará lo rápido o lento que vaya el tren, no importarán tampoco el estado de las vías o como tomes las curvas.

– Luego están las pasajeros que harán el trayecto un poco más largo pero nunca lo terminarán. En un principio tu tren le llamará la atención y se subirá. Será un trayecto divertido al principio pero ten cuidado de no ir más deprisa de lo normal o tomar una mala curva… Podría ver otro tren que le llamará la atención y se bajará.

– Por último, están aquellos pasajeros que al mismo tiempo que suben ya están pensando en bajarse. Igual tu tren no les ha gustado porque tú no le has facilitado un buen trayecto. Enseguida bajarán y, probablemente, no volverán a coger más tu tren.

No debes alarmarte si bajan más pasajeros que los que permanecen. Al contrario, debes alegrarte porque están dejando espacio para nuevos pasajeros que quieran permanecer en tu tren.Cada pasajero te enseña alguna cosa y por ello debes aprender de cada uno de ellos. En vez de entristecerte por los que se van, alégrate por los que se quedan: son ellos los que harán de tu viaje un trayecto cómodo y agradable.

Disfruta, el viaje continua.